CUELEBRE
Como en prácticamente todas las partes del mundo, en Asturias tenemos nuestros dragones. En realidad, podemos considerarlos como una mezcla de dragón, serpiente y grifo. Los cuélebres asturianos son serpientes aladas que viven en las cavernas, fuentes y bosques, aunque también se pueden encontrar en prados, torcas, espineras y hasta en un monasterio. Su origen es probablemente celta, si bien no puede descartarse que hayan sido asimilados a la tradición greco-romana (y, posteriormente, cristiana). Lo cierto es que dragones abundan en toda Europa y en todas épocas. Se conoce también lo mal que lo hicieron pasar los dragones a los primeros evangelizadores de Irlanda, y se conoce, por las fuentes escritas medievales, infinidad de dragones locales asociados a ciudades y villas. El emblemático dragón De San Jorge es otro ejemplo archiconocido que también llega a Asturias. En toda la zona de influencia del arte románico, los dragones debían ser normales, por la cantidad de ellos que se representan, en tímpanos, dinteles, capiteles, basas y canecillos. Los cuélebres son unos magníficos guardianes y lo que mejor guardan son tesoros y xanas encantadas. A veces, los cuélebres son el resultado de una transformación de éstas. Físicamente horrorosos, lo son también en su condición natural: su piel recubierta de escamas es prácticamente blindada, salvo debajo de las barbas, y envejece, aunque vive mucho, como cualquier mortal lo hace. Es ya genéricamente vulnerable el día de San Xuan, en el cual el cuélebre no recibe y es fácilmente evitado u occiso. El cuélebre se entera de que está envejeciendo porque las escamas le crecen mucho y se ponen cada vez más duras.