La parte basilical se compondría de tres naves, más
ancha la central, con cuatro tramos de los que sólo se
conserva el primero. La separación de las naves se
efectúa a través de columnas de grueso y potente fuste
que sostienen arcos de medio punto realizados, como todo
el edificio, en piedra ( antes en ladrillo ) . La
cubierta, como en el vestíbulo y las cámaras laterales,
es de cañón. La nave central se cubre con cañón corrido
reforzado con arcos fajones, mientras que en las
laterales el sentido de las bóvedas es transversal
respecto a la nave principal. El conjunto de las naves
alcanza un gran desarrollo en altura en una proporción
respecto a la anchura de 3 a 1. Junto a la cabecera se
abrirían dos cámaras a los lados de las naves laterales
del tipo ya visto en la época de Alfonso II.
La cabecera sería tripartita correspondiendo la anchura
de cada espacio con el de las naves. La cubierta, como
en todo el edificio, de cañón.
Al exterior llama la atención las diferentes alturas de
los espacios, transparentando de alguna manera la
estructura interna. Los contrafuertes son más abundantes
que en periodos anteriores, aunque siguen teniendo
escasa función estructural.
En el aspecto decorativo, San Miguel conserva abundantes
ejemplos de escultura en relieve y algunos de pintura.
Empezamos por los de escultura :
Gran número de celosías y de gran amplitud. Hechas en
piedra, presentan una decoración más rica que en
periodos anteriores. Los vanos suelen estar divididos en
dos espacios : el inferior se compone de una doble o
triple arquería y en el superior se situaría propiamente
la celosía calada generalmente con motivos geométricos.
En las grandes basas de las columnas se alberga una
decoración con arquillos bajo los cuales aparecen
personajes figurados. En algunas de esas basas nos
encontramos con el tetramorfos al lado de figuras de
monjes escribiendo, tal y como aparecen en los
Evangeliarios miniados sajones de los iglos VII-IX. La
ubicación de los evangelistas en las basas de columnas
ya la hemos visto en el mundo visigodo, al igual que su
significado.
Grandes barroteras decoradas con imágenes frontales que
recuerdan los relieves irlandeses.
Decoración muy variada con el omnipresente sogueado como
marco de temas florales y geométricos tanto en los
capiteles prismáticos de influencia bizantina como en
las roscas de los arcos.
Las jambas de San Miguel de Lillo. Es el ejemplo más
importante de toda la escultura asturiana. Presentan una
decoración de sogueado enmarcando toda la jamba. Las
tres escenas figuradas están enmarcadas y separadas por
decoración vegetal continuada, interrumpida a la altura
de la divisoria de las escenas para situar un elemento
floral más grande inscrito en un cuadrado.
Las tres escenas figuradas están nuevamente enmarcadas
por el sogueado, se disponen en espacios rectangulares y
tienen estos temas : en el panel superior y en el
inferior aparece la misma escena, un personaje central
sentado con algo en la mano y un personaje de pie a cada
lado. En el panel central se desarrolla una escena
circense con un domador de leones y un acróbata.
La explicación que se ha dado a esta iconografía nos
remite al díptico bizantino del cónsul Areobindus. La
escena superior e inferior representaría al cónsul,
entre dos lictores, con el mappa en la mano para dar la
orden de inicio de los juegos circenses. La del medio no
sería más que la reproducción de algún número de esos
juegos. Parece que esta imitación de un tema del imperio
bizantino se colocó en Lillo para destacar el carácter
regio del edificio y la relevancia de esta portada sobre
la que se encontraba la tribuna real. No hay que
olvidar, por otro lado, que todos los soberanos
medievales europeos consideraban la corte bizantina como
el espejo en que debían contemplarse.
En cuanto a la pintura lo conservado es lo siguiente :
Una pintura con un tañedor de laúd, peinado y vestido
como un monje. Algunos han visto en él un ángel del
Apocalipsis, pero parece poco claro.
Dos figuras dentro de un marco cuadrado con decoración
geométrica. Un personaje aparece sentado y el otro, más
pequeño, se sitúa a su espalda, ante un fondo de
arbustos. Para algunos formarían parte de una Epifanía,
para otros la Anunciación. Nada claro.
En ambos casos el interés por el dibujo, la visión
frontal de la cara, el falso nimbo y los ojos redondos,
recuerdan las figuras de la miniatura del siglo X. |