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En palabras de Bonet Correa " el arte
asturiano nos parece hoy un milagro. Si se considera la
falta de tradición artística de la región antes de la
invasión musulmana y si se tiene en cuenta la escasez de
medios, las dificultades materiales y el enorme esfuerzo
bélico que para imponerse tuvo que hacer el pequeño
reino cantábrico, dificílmente puede encontrarse una
explicación. Sin embargo, los monumento asturianos son
el mejor testimonio de la organización política estatal,
que, desde el incipiente reino de Pelayo, alcanzó el
Estado Astur, que, en menos de dos siglo, fue capaz de
concebir , con gran madurez política, las ideas
imperiales de Alfonso III ".
Lo más importante del arte asturiano se extiende desde
el reinado de Alfonso II (791-842) hasta el reinado de
Alfonso III (866-910) con el que, dada la extensión
alcanzada por el reino astur (reconquista y repoblación
hasta el Duero), se cambia la capital de Oviedo a León.
La referencia a los reyes asturianos es fundamental para
entender el "milagro" del que hablaba Bonet Correa,
porque, en mayor medida que en otros periodos de la Edad
Media, el arte va a estar directamente vinculado a
ellos. Como dice Yarza "sólo la concentración de poder
en sus manos, siguiendo un proceso distinto del feudal
europeo, unido a su fervor religioso en ciertos momentos
y el deseo de prestigiar la monarquía, que quieren hacer
heredera de la visigoda, hace posible la creación en
pocos años de un crecido número de edificaciones civiles
y religiosas en un marco tan pequeño".
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