Indalecio Prieto Tuero (* Oviedo, 30 de abril de
1883 - † México, 11 de febrero de 1962) fue un
político socialista español.
Huérfano de padre desde los seis años de edad, en
1891 su madre emigra a Bilbao, donde para
subsistir ha de vender periódicos en la calle,
aunque más tarde consigue trabajo como taquígrafo
en el diario La Voz de Vizcaya. Ya convertido en
periodista comienza a trabajar como redactor del
diario El Liberal, del que con el tiempo llegaría
a ser director y propietario.
En 1899 ingresa en el Partido Socialista Obrero
Español.
Como periodista, en la primera década del siglo XX,
Prieto se convierte en figura destacada del
socialismo en el País Vasco.
Es este un periodo marcado por la Primera Guerra
Mundial, en la que España se mantuvo neutral, lo
que reportó grandes beneficios a la industria y al
comercio españoles, pero estos beneficios no se
vieron reflejados en los salarios de los obreros,
por lo que se fue generando una gran agitación
social que culminó el 13 de agosto de 1917 con el
comienzo de una huelga general revolucionaria que,
ante el temor de la repetición en España de los
hechos acaecidos en Rusia por esas fechas, es
reprimida duramente mediante la intervención del
ejército y la detención en Madrid del comité de
huelga. Prieto involucrado como estaba en la
organización de esta huelga, huye a Francia antes
de ser detenido y ya no volverá hasta el mes de
abril de 1918, después de haber sido elegido
diputado.
Muy crítico con la actuación del gobierno y del
ejército en la Guerra de Marruecos, tuvo frases
muy duras en las Cortes con motivo del denominado
Desastre de Annual de 1921, así como sobre la más
que probable, aunque no probada, responsabilidad
del rey en la imprudente actuación militar del
general Fernández Silvestre en las operaciones de
la zona de la comandancia de Melilla.
Opuesto a la línea de Largo Caballero de
colaboración de su partido con la dictadura de
Primo de Rivera, se produjeron agrios
enfrentamientos entre ambos.
En el mes de agosto de 1930 participó a título
personal, ante la oposición de Julián Besteiro, en
la formación del llamado Pacto de San Sebastián,
formado por una amplia coalición de partidos
republicanos que se proponía acabar con la
Monarquía. En esta cuestión, sin embargo, si que
contó con el apoyo del ala liderada por Largo
Caballero, ya que este creía que la caída de la
Monarquía era el único camino por el que, en esos
momentos, el socialismo podría alcanzar el poder.
Proclamada la II República el 14 de abril de 1931,
Prieto es nombrado ministro de Hacienda del
gobierno provisional presidido por Niceto
Alcalá-Zamora.
Ministro de Obras Públicas en el gobierno de
Manuel Azaña entre 1931-1933, continuó y amplió la
política de obras hidroeléctricas iniciadas en la
época de la dictadura de Primo de Rivera, así como
un ambicioso plan de mejora de infraestructuras en
Madrid, como el de los enlaces ferroviarios, la
construcción de una nueva estación en Chamartín y
el túnel de enlace, bajo el suelo de Madrid, entre
esta estación y la de Atocha, obras estas que no
verían la luz hasta muchos años después como
consecuencia de la guerra civil.
Opuesto en principio a la huelga general de
octubre de 1934, tiene sin embargo que huir a
Francia por su colaboración en varios de los
preparativos.
A partir de entonces se opone a Largo Caballero
adoptando una postura moderada, liderando el
sector que se opone a la tendencia revolucionaria.
Iniciada la guerra civil, en septiembre de 1936,
tras la caída de Talavera de la Reina, Largo
Caballero se convierte en Presidente del Gobierno,
siendo nombrado Prieto ministro de Marina y Aire.
Tras los sucesos revolucionarios de mayo de 1937
en Barcelona, cae el gabinete Largo Caballero y
forma gobierno Juan Negrín, siendo Prieto
designado ministro de Defensa, aunque, en su fuero
interno, reconocía que la guerra no podía ganarse
por carecer la República del apoyo de las
potencias democráticas (durante su ministerio el
acceso marítimo para los suministros soviéticos
quedó cortado por los ataques de los submarinos
italianos y la frontera francesa estaba cerrada).
Tras la caída del Frente Norte en octubre,
presenta la dimisión que no le es aceptada, aunque
en marzo de 1938, tras el derrumbe del frente de
Aragón y sus enfrentamientos con Negrín y con los
ministros comunistas, sale del gobierno.
Se aparta de la política activa el resto de la
guerra, aunque acepta una embajada extraordinaria
en varios países de Sudamérica, donde le sorprende
el fin de la guerra. Desde su exilio en México
lidera la fracción mayoritaria del Partido
Socialista. En 1945 entra a formar parte del
gobierno de la república en el exilio, intentando
alcanzar un acuerdo con el sector monárquico del
franquismo, con vistas a la reinstauración de la
democracia en España, pero sin ningún resultado,
retirándose definitivamente de la política.
Durante su estancia en México escribió varios
libros, entre ellos: Palabras al viento (1942),
Discursos en América (1944) y ya al final de su
vida Cartas a un escultor: pequeños detalles de
grandes sucesos (1962).
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