Pedro Rodríguez-Campomanes y Pérez, conde de Campomanes (1723-1802), político. Gaspar Melchor de Jovellanos y Jove-Ramírez (1744-1811), político y escritor. Juan Agustín Ceán Bermúdez (1749-1829), político. Evaristo San Miguel y Valledor (1765-1862), escritor, militar y político. Manuel Abad y Queipo (1775?-1824?), obispo en Nueva España. Rafael del Riego y Flórez-Valdés (1784-1823), militar y político. s.XIX Ramón de Campoamor y Campoosorio (1817-1901), poeta. Teodoro Cuesta García-Ruiz (1829-1895), escritor. Rosario Acuña y Villanueva (1861-1923), escritora. Leopoldo García-Alas Ureña, "Clarín" (1852-1901), escritor. Juan Vázquez de Mella Fanjul (1861-1928), político. Melquiades Álvarez González (1864-1936), político. Evaristo Valle Fernández (1873-1951), pintor. José Miaja Menant (1878-1958), militar. Nicanor Piñole Rodríguez (1878-1978), pintor. Álvaro de Albornoz y Liminiana (1879-1954), político. Ramón Pérez de Ayala y Fernández del Portal (1880-1962), escritor. Juan Vigón Suerodíaz (1880-1955), militar. Augusto Barcia Trelles (1881-1961), político. Ramón González Peña (1882-1952), político. Indalecio Prieto Tuero (1883-1962), político. Belarmino Tomás Álvarez (1892-1950), político. Wenceslao Roces (1897-1992), escritor, político y traductor. s.XX; fallecidos José Gaos (1900-1969), filósofo. Carmen Polo Martínez-Valdés (1900-1988), esposa del general Franco. Alejandro Rodríguez Álvarez, "Alejandro Casona" (1903-1965), dramaturgo. Manuel Díez-Alegría y Gutiérrez (1905-1987), militar. Severo Ochoa de Albornoz (1905-1993), científico; premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1959. Francisco Grande Covián (1909-1975), científico. Torcuato Fernández-Miranda y Hevia (1910-1980), político. Emilio Alarcos Llorach (1922-1998), lingüista. s.XX; vivos Santiago Carrillo Solares (1915- ), político. Sabino Fernández Campo, conde de Latores (1918- ), militar. Gil Parrondo y Rico (1921- ), decorador cinematográfico, ganador de un Oscar. Luis Suárez Fernández (1924- ), historiador. Ángel González (1925- ), poeta. María del Socorro "Corín" Tellado López (1927- ), escritora. Víctor García de la Concha (1934- ), director de la Real Academia Española de la Lengua. José Luis García "Garci" Muñoz (1944- ), director de cine madrileño pero de ascendencia asturiana. Víctor Manuel San José Sánchez (1947- ), cantante. Enrique Castro González, "Quini" (1949- ), futbolista. José Ángel Hevia Velasco (1968- ), gaitero. Letizia Ortiz Rocasolano (1972- ), Princesa de Asturias. José Luis "Chechu" Rubiera Vigil (1973- ), ciclista. Yago Lamela Tobío (1977- ), atleta. Fernando Alonso Díaz (1981- ), campeón del mundo de Fórmula 1.
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Pedro Rodríguez-Campomanes y Pérez, conde de Campomanes (1723-1802), político. Gaspar Melchor de Jovellanos y Jove-Ramírez (1744-1811), político y escritor. Juan Agustín Ceán Bermúdez (1749-1829), político. Evaristo San Miguel y Valledor (1765-1862), escritor, militar y político. Manuel Abad y Queipo (1775?-1824?), obispo en Nueva España. Rafael del Riego y Flórez-Valdés (1784-1823), militar y político. s.XIX Ramón de Campoamor y Campoosorio (1817-1901), poeta. Teodoro Cuesta García-Ruiz (1829-1895), escritor. Rosario Acuña y Villanueva (1861-1923), escritora. Leopoldo García-Alas Ureña, "Clarín" (1852-1901), escritor. Juan Vázquez de Mella Fanjul (1861-1928), político. Melquiades Álvarez González (1864-1936), político. Evaristo Valle Fernández (1873-1951), pintor. José Miaja Menant (1878-1958), militar. Nicanor Piñole Rodríguez (1878-1978), pintor. Álvaro de Albornoz y Liminiana (1879-1954), político. Ramón Pérez de Ayala y Fernández del Portal (1880-1962), escritor. Juan Vigón Suerodíaz (1880-1955), militar. Augusto Barcia Trelles (1881-1961), político. Ramón González Peña (1882-1952), político. Indalecio Prieto Tuero (1883-1962), político. Belarmino Tomás Álvarez (1892-1950), político. Wenceslao Roces (1897-1992), escritor, político y traductor. s.XX; fallecidos José Gaos (1900-1969), filósofo. Carmen Polo Martínez-Valdés (1900-1988), esposa del general Franco. Alejandro Rodríguez Álvarez, "Alejandro Casona" (1903-1965), dramaturgo. Manuel Díez-Alegría y Gutiérrez (1905-1987), militar. Severo Ochoa de Albornoz (1905-1993), científico; premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1959. Francisco Grande Covián (1909-1975), científico. Torcuato Fernández-Miranda y Hevia (1910-1980), político. Emilio Alarcos Llorach (1922-1998), lingüista. s.XX; vivos Santiago Carrillo Solares (1915- ), político. Sabino Fernández Campo, conde de Latores (1918- ), militar. Gil Parrondo y Rico (1921- ), decorador cinematográfico, ganador de un Oscar. Luis Suárez Fernández (1924- ), historiador. Ángel González (1925- ), poeta. María del Socorro "Corín" Tellado López (1927- ), escritora. Víctor García de la Concha (1934- ), director de la Real Academia Española de la Lengua. José Luis García "Garci" Muñoz (1944- ), director de cine madrileño pero de ascendencia asturiana. Víctor Manuel San José Sánchez (1947- ), cantante. Enrique Castro González, "Quini" (1949- ), futbolista. José Ángel Hevia Velasco (1968- ), gaitero. Letizia Ortiz Rocasolano (1972- ), Princesa de Asturias. José Luis "Chechu" Rubiera Vigil (1973- ), ciclista. Yago Lamela Tobío (1977- ), atleta. Fernando Alonso Díaz (1981- ), campeón del mundo de Fórmula 1.
El
Camino Real
>Historia > Ramón de Campoamor y Campoosorio
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Ramón de Campoamor y Campoosorio (Navia, Asturias
1817 - †Madrid 1901) es un poeta español del
Romanticismo.
Biografía
Nació en Navia, Asturias, el 24 de septiembre de
1817. Su padre era un modesto campesino y su madre
una rica hacendada del concejo. Fue criado por una
tía soltera, hermana de su madre, la cual le
facilitó los estudios primarios en un pazo que
ésta poseía en Piñera, Navia. A los 9 años
comienza sus estudios secundarios que cursa en
Puerto de Vega donde transcurre su adolescencia.
Cursó estudios de filosofía en Santiago de
Compostela; de lógica y matemáticas, en Madrid. Y
a los 18 años se traslada a Torrejón de Ardoz,
Madrid para ingresar en el seno de la Compañía de
Jesús.
Poco tiempo después, abandonada esta corta
vocación y se matricula en la universidad
madrileña en la facultad de medicina, vocación que
tampoco dura mucho. En la facultad de medicina, un
catedrático le aconseja con vehemencia dedicarse a
la literatura, pues cree descubrir en el joven una
natural aptitud hacia las letras, mucho más que
para las ciencias.
A la edad de 20 años, en 1838, publica la primera
obra impresa: "Una mujer generosa", una comedia en
dos actos que no llegó a ser estrenada en teatro.
También en este año publica sus primeros versos
románticos en el libro "Ternezas y flores".
A finales de la década de los 40 se afilia al
Partido moderado siguiendo sus ideas políticas que
consistían en un gran fervor por la reina Isabel
II y, en general, hacia la monarquía como forma de
organización del Estado. En 1847 es nombrado
gobernador civil de la provincia de Castellón y
poco más tarde de Alicante, donde se casa con
Guillermina o'Gorman, una joven dama de acomodada
familia irlandesa.
En 1850 es elegido para ocupar un escaño en el
Congreso de los Diputados y en 1851 es trasladado
a Valencia donde ocupa el cargo de Gobernador
hasta 1854. De esta forma participa activamente de
la vida pública y política de la nación.
En 1861 es nombrado miembro "E mayúscula" de la
Real Academia de la Lengua Española. Fue senador
en los últimos años de su vida y llegó a ser
conocido y admirado en España y y toda
Hispanoamérica.
El 11 de febrero de 1901 falleció en Madrid a la
edad de 83 años.
Obra
Teatro
Una mujer generosa, comedia en dos actos, 1838.
Poesía
Ternezas y flores, versos románticos, 1838.
Ayes del alma, 1840.
Doloras, 1846.
Pequeños poemas.
Humoradas.
POEMAS ESCOGIDOS
POEMAS ESCOGIDOS
EL PADRE, EL HIJO Y EL PERRO
Bramaba el viento agitado,
cuando subían a un cerro
un padre, a su hijo apoyado,
y detrás de ambos un perro.
Y con mortal pesadumbre
el viejo desfallecido,
cayó exánime en la cumbre
entre la nieve aterido.
Y -«Marcha», al joven le dijo,
«No encuentres cual yo la muerte».
-«Pues, adiós», contestó el hijo
y huyó, temiendo igual suerte.
Mas desde un monte cercano,
libre ya de todo empeño,
vio que más fiel el alano,
quedó a morir con su dueño.
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EL RUISEÑOR Y EL RATÓN
Clamó un ratón sin consuelo,
preso en una cárcel fuerte:
«¡Imposible es que la suerte
pudiese aumentar mi duelo!»
Y al alzar la vista al cielo
para acusar su dolor,
le preguntó un ruiseñor
de un halcón arrebatado:
-«¿Truecas conmigo tu estado?»
Y él contestó -«No señor».
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TODO SE PIERDE
Rosa, ¿con que perdiste
la flor encantadora
que la noche te di de tu partida?
Aunque la cosa es triste...
la flor vaya en buen hora,
si fue sólo la flor, Rosa, perdida:
mas esto me convida
(perdona) a que recuerde
que en el mundo, mi bien, todo se pierde.
Todo se pierde, ¡ay, triste!
De tu frente, antes pura,
baja, y verás con lágrimas tus ojos.
Ya indócil se resiste
al corsé tu cintura;
sube al cuello después, y...¡ay, qué despojos!
El ver seco da enojos,
árbol que fue tan verde.
¡Todo se pierde, sí, todo se pierde!
De este pecho, tuyo antes,
perdí un día la llave,
y cuanto en él guardé, perdí con ella:
ilusiones amantes,
toda la villa sabe
que para ti guardaba, Rosa bella.
Mas, ¡cuán tarde mi estrella
hizo que al fin recuerde
que ¡todo (¿no es verdad?), todo se pierde!
¿Qué fue de tu hermosura?
¿Qué fue de mi terneza?
De la flor que te di, dime ¿qué ha sido?
Perdióse la flor pura,
lo mismo que (¡oh tristeza!)
mi amor y tu hermosura se han perdido.
En el mundo es sabido
que, sin que uno se acuerde,
¡todo se pierde! ¡oh Dios! ¡todo se pierde!
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¡QUIÉN SUPIERA ESCRIBIR!
-Escribidme una carta, señor Cura.
-Ya sé para quién es.
-¿Sabéis quién es, porque una noche oscura
nos visteis juntos? -Pues.
-Perdonad; mas...-No extraño ese tropiezo.
La noche...la ocasión...
Dadme pluma y papel. Gracias. Empiezo:
Mi querido Ramón:
-¿Querido?...Pero, en fin, ya lo habéis puesto...
-Si no queréis...-¡Sí, sí!
-¡Qué triste estoy! ¿No es eso? -Por supuesto.
-¡Qué triste estoy sin ti!
Una congoja, al empezar, me viene...
¿Cómo sabéis mi mal?...
-Para un viejo, una niña siempre tiene
el pecho de cristal.
¿Qué es sin ti el mundo? Un valle de amargura.
¿Y contigo? Un edén.
-Haced la letra clara, señor Cura:
que lo entienda eso bien.
El beso aquel que de marchar a punto
te di...-¿Cómo sabéis?...
-Cuando se va y se viene y se está junto,
Siempre...no os afrentéis.
Y si volver tu afecto no procura,
tanto me harás sufrir...
-¿Sufrir y nada más? No, señor Cura,
¡qué me voy a morir!
-¿Morir? ¿Sabéis que es ofender al cielo...?
-Pues, sí, señor, ¡morir!
-Yo no pongo morir. -¡Qué hombre de hielo!
¡Quién supiera escribir!
¡Señor Rector, señor Rector! en vano
me queréis complacer,
si no encarnan los signos de la mano
todo el ser de mi ser.
Escribidle, por Dios, que el alma mía
ya en mí no quiere estar:
que la pena no me ahoga cada día...
porque puedo llorar.
Que mis labios, las rosas de su aliento,
no se saben abrir:
que olvidan de la risa el movimiento
a fuerza de sentir.
Que mis ojos, que él tiene por tan bellos,
cargados con mi afán.
como no tienen quien se mire en ellos,
cerrados siempre están.
Que es, de cuantos tormentos he sufrido,
la ausencia el más atroz:
que es un perpetuo sueño de mi oído
el eco de su voz...
Que siendo por su causa, el alma mía
¡goza tanto en sufrir!...
Dios mío, ¡cuántas cosas le diría
si supiera escribir!
-Pues señor,¡bravo amor! Copio y concluyo:
A don Ramón...En fin,
que es inútil saber para esto arguyo
ni el griego ni el latín.
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¡SI UNA PUDIERA HABLAR!
¿Te acuerdas, madre mía? Apasionada
le iba a hablar de mi amor,
cuando ahogaste mi voz con tu mirada
en nombre del pudor.
Alcé los ojos, apelando al cielo...
Me volviste a mirar,
y obediente otra vez, mordí el pañuelo
para poder callar.
Te escribo protestando, madre mía,
que en pláticas de amor,
si es muy malo pecar, la hipocresía
es mil veces peor.
¡El dolo y la mentira son las cosas
que convirtiendo van
la sangre femenil de agua de rosas
en lava de volcán!
Nunca encauza a la fuerza el albedrío,
como el cielo no dé
gran temple a la razón, gran lecho al río
y al corazón gran fe.
Aunque es, con un amor incontrastable,
imposible luchar,
¡Aún sería la vida soportable
si una pudiera hablar!
Y en vano es resistir: cuando se adora,
a pesar del pudor,
nace, brilla, se extiende y nos devora
la llama del amor.
¡Callar y sucumbir! ¡Cuántas mujeres,
sintiéndose abrasar,
cumpliendo lo que llaman sus deberes
se mueren por no hablar!
¡Gangrenando el fastidio hasta sus huesos,
¿qué fue de él? Que, cual yo,
con la fiebre del hambre de dar besos
sufrió mucho, y murió!
Y yo muero también: con él unida
gozaré la embriaguez
de un amor que callé toda mi vida
por no hablar una vez.
¿Quién no anhela morir, con la experiencia
de que, si es bueno amar,
un martirio sin gloria es la existencia
por no poder hablar?
He visto otras hermosas criaturas,
pero, a su imagen fiel,
en lo hondo de sus ojos no hallé honduras
como en los ojos de él.
Aún quema la raíz de mi cabello
su imagen celestial,
y le llevo al morir colgado al cuello
lo mismo que un dogal.
¡Adiós! Como una tromba de alegría
voy de su amor en pos...
Espejo de mi alma, madre mía,
¡adiós! ¡adiós! ¡adiós!
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LAS ESTRELLAS ERRANTES
En mi niñez, viendo una estrella errante,
creí sencillamente
que era algún ángel que venía amante
a darme abrazos y a besar mi frente.
Ya joven, vi otra estrella que corría
y dije, en mi locura:
«es mi estrella del Norte, que me guía
al placer, al amor y a la ventura».
Vi ayer volar un astro mortecino,
que descendió hasta el suelo:
era la estrella de mi buen destino,
que, ya de vieja, se cayó del cielo.
Fuente:texto wikipedia licencia de
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