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ASTURIAS ofrece en general un conjunto de materias
primas para la cocina tan completo que no resulta fácil
de igualar. No es sólo la calidad de estos géneros,
sino también su enorme diversificación,
lo que constituye una base incomparable para la buena
salud de una gastronomía de primera.
No
cabe duda de que no puede haber buena cocina sin el
arte, la experiencia y los conocimientos de las diestras
manos que saben obtener los mejores resultados de cada
género alimentario; pero también de que
es imposible hacer unos platos óptimos y brillantes
si no se cuenta con la frescura y la mayor calidad de
las materias primas a emplear en cada preparación.
En ese sentido, nada mejor que un breve pero panorámico
recuento de los más importantes géneros
que ofrece el Principado a la hora de cocinar.
Una huerta fertílisima, de entre la que sobresalen
patatas y cebollas, de excepcional calidad ambas. Las
fabes asturianas son alubias especialmente aclimatadas
a nuestro suelo, donde sólo se consiguen con
idéntica finura. La berza, el repollo, la lechuga,
el tomate, los guisantes arveyos, o las judías
verdes fréjoles figuran entre los primores de
nuestros huertos, por desgracia casi siempre familiares,
para autoconsumo, y cada vez menos atendidos
Y, por supuesto, manzanas en un sinfín de variedades
a cual más deliciosa, aunque no todo lo abundantes
que sería de desear en los mercados. Las fresas
y las cerezas veraniegas son especialmente recomendables,
en sus variedades de Candamo y lavianas respectivamente.
Otro tanto puede decirse de los figos (higos) miguelinos.
Avellanas, nueces y castañas han sido frutos
tradicionalmente emblemáticos de Asturias. Hoy,
aun conservando la calidad de siempre, su cultivo denota
una dejación que habría que incentivar
cara al futuro.
Por
lo demás nuestros prados y bosques ofrecen espontáneamente
en otoño y primavera una riqueza micológica
con harta frecuencia desestimada por los naturales.
Así que Asturias bien podría resultar
un pequeño paraíso para el viajero aficionado
a las setas, al menos mientras no se dé prisa
el asturiano.
Conocida es nuestra fama lechera en toda España.
No en vano está Asturias a la cabeza de la producción
nacional. De la calidad de la misma no puede haber mejor
prueba que nuestros quesos artesanos o nuestros pastos.
O la propia leche, claro, a poder ser entera, sin desnatar,
comprada directamente en las aldeas. Sí puede,
no olvide el viajero probar, de paso, alguna de nuestras
mantecas de aldea
Las carnes más tradicionales vienen marcadas
por la matanza del gochu (el cerdo). Este sustancioso
animal es fuente de carnes frescas en los días
que siguen a su sacrificio : las más selectas
constituyen el adobu, mientras que otras de inferior
categoría dan lugar -y más que nada dieron-
a platos de gran arraigo rural como la sopa de fégadu
(hígado), el pote de rabadal (potaje con rabadilla),
los cachelos con caramietcha (patatas cocidas con cabeza
de cerdo) y el arroz o las patatas con costillas, entre
otros varios.
Del
cerdo es sabido hasta que punto se aprovecha todo; por
eso sería prolijo relatar toda su utilización;
bástenos con señalar, pues, los embutidos
más característicos, amén de la
salazón de jamones y lacones; morciella (morcilla),
curada para bien ser al humo de carbayu (roble) durante
un par de meses, negra por la sangre y arrugada por
el oreo; chorizo, moscancia (morcilla fresca de los
valles mineros). fariñón o fariñona,
chosco, que en otras zonas llaman xuanicu y xuan; botiellu,
primo-hermano del botelo gallego y del botillo berciano;
y andoya (morcilla fresca en tripa gruesa), entre otros
varios.
Hoy Asturias, sin embargo, es el auténtico reino
de la carne de xatu (ternera), ampliamente utilizada
tanto en hostelería como en los fogones domésticos.
Los amantes de las carnes rojas, más hechas y
adultas, de vaca y buey, lo tendrán en consecuencia
más díficil.
Una
especie en francas vías de desaparición
de la mesa es el llamado pitu de caleya (pollo de corral,
de aldea), que tan frecuentemente fué no ha mucho
en las comidas festivas del Principado. Si el lector
consiguiera que algún campesino le vendiese un
espécimen, nuestro consejo es que no lo dejara
escapar, por alto que fuera su precio, para poder reflexionar
sobre algunos sabores ya perdidos.
Mientras que en nuestra región la caza menor
ha ido manifiestamente a menos -queda algo de perdiz
por el occidente interior, arceas (becadas), cigoreyas
(avefrías), pollotordos invernales por la costa,
y poco más-, la caza mayor ofrece, por el contrario,
acaso la más rica variedad de la Península
: jabalí, corzo, rebeco, venado (ciervo), gamo,
etc., que hacen no sólo las delicias del cazador,
sino sobre todo del gourmet, por más que el modo
de guisar la caza no sea en Asturias especialmente sofisticado
o refinado.
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