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La basílica de Covadonga se construyó entre los años
1877 y 1901. La desaparición de sus planos originales,
posiblemente en el transcurso de la Guerra Civil, la
dejó sin su original radiografía. Sin embargo, este
monumento está considerado como uno de los mejores
ejemplos de la arquitectura neorrománica de finales del
siglo XIX.
Hace poco celebraba su primer
centenario altivamente, siempre erguida sobre el cerro
del Cueto, en el borde de un abismo semicircular. El
inmueble es visible desde todas partes y atrae las
miradas como un poderoso imán de ojos humanos. En su
interior se respira la calma esperada, y un órgano
inmemorial suena en las alturas cuando toca
ceremonia.Para la reconstrucción del Santuario, Carlos
III autorizó la recogida de limosnas «en todo el ámbito
de la Monarquia y en las provincias de Indias...».
La reconstrucción comenzó en 1781 con un proyecto
original de Ventura Rodríguez, pero se suspendieron diez
años más tarde.
En 1820 se construyó otro balcón voladizo y una ermita
pequeña y cuadrada al extremo de la Cueva, y que según
Madoz (1847):
«... el piso se haya formado en parte por la peña, y
cerca de la mitad por tablado sostenido a 90 pies sobre
el rio por vigas, que solo por su estremo encajan el la
roca. Con tan frágil apoyo se sostiene un balconage de
40 pies de largo que ocupa todo el frente de la
Cueva...»
Pero... el 20 de Enero de 1868 un derrumbe de montaña
destruyó una parte importante de Covadonga.
En 1872 se inicia la labor restauradora, propiciada por
el obispo de Oviedo, D. Benito Sanz y Forés, el canónigo
de la Colegiata (Máximo de la Vega) y Roberto
Frassinelli, conocido como «el alemán de Corao».
Fue el Papa Pio IX quien señaló la fecha del 8 de
setiembre para la celebración de la festividad de la
Virgen de Covadonga.
Los «canteros» que intevinieron en su construcción
debieron ser foráneos a tenor de lo que recoge esta
Copla popular:
Canteros de Covadonga,
non bajéis mas a La Riera
que vos la tienen jurada
los mozos de la ribera.
«La Campanona». Construida en el año
1900, fue donada a Covadonga por D. Luis González
Herrero y el conde italiano Sizzo-Noria.
Tiene tres metros de altura, pesa cuatro toneladas, y
suena al «Angelus».
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