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La «Crónica Silense» nos habla
de la existencia de «...un valle en Asturias, llamado
Cangas en el que descuella el alto Monte Auseva; al pie
de la montaña la roca fortifica el lugar naturalmente y
no por obra humana, y cierra una gran cueva inexpugnable
para todo artificio de guerra enemiga».
Allí, está la Cova Dominica (Covadonga).
Pelayo llegó hasta la roca acosando a un malhechor,"
más perdonóle" luego la vida por
intercesión de un ermitaño que en aquel refugio
custodiaba una imagen de la Virgen y Pelayo fundó
después el Santuario dedicado a la Virgen de las
Batallas. . Lo cierto es que, documentos apocrífos
atribuyen la fundación de la Iglesia y Monasterio de
Santa María, al rey Alfonso I el Católico (año 740)
a donde se trasladaron doce
monjes benedictinos con su abad. En el siglo XIV hubo en
Covadonga una residencia de un colegio de canónigos
agustinos.
Tirso de Avilés (en el siglo XVI) da algunos detalles de
la iglesia construida en la Cueva, remitiendo su
construcción a la época de Alfonso II el Casto (791-842)
y dice así:
«...lo más de que está hecha es de madera, en otras
partes ayuda la piedra en otras piedra a mano. Las
maderas vuelan tanto que no hay quien no tenga miedo no
sólo de estar en el templo, más aun de estar debajo».
Era tenido por milagroso no solo porque los voladizos se
mantuvieran firmes a pesar de los siglos transcurridos,
sino también por el origen del atrevido edificio, para
el que según la tradición popular «los troncos de roble
y tejo fueron transportados hasta allí por ángeles».
Tirso de Avilés
Ambrosio de Morales Ambrosio de Morales (entre el pecado
y arrepentimiento) relata en 1572 lo siguiente:
«... y que así dura desde entonces (se refiere al
reinado del Rey Casto) milagrosamente sin pudrirse la
madera... Dios más que esto puede hacer; más yo veo
manifestarse en todo señales de obra nueva y no del
tiempo de aquel Rey».
También hace alusión Morales al hecho de que
«en lo postrero de la Cueva, frontero al Altar Mayor,
está una cobacha alta hasta la cinta y que entra como
doce pies, y lo más es cueva natural con solo tener un
arco liso a la entrada. En esta capilla o pequeña cueva,
está una gran tumba de piedra , más angosta a los pies
que a la cabeza, el arca de una pieza, y la cubierta de
otra, todo liso sin ninguna labor ni letra. Esta dicen
todos que es la sepultura del Rey Don Pelayo».
Relata también Ambrosio Morales la existencia de
«... otra tumba al lado de la epístola, que aun parece
más antigua. que la pasada, y que unos dicen que allí
está la hermana de D. Pelayo, otros que su hijo Favila,
Lo que yo creo cierto es que está allí el Rey Don Alonso
el Cathólico y yerno de D. Pelayo».
Hoy día pueden verse, con letras del siglo XVII, las
siguientes inscripciones:
AQVI YAZE ELS REY DON PELAYO
ELLETO EL ANO DE 716 QVE EN
ESTA MILAGROSA CVEBA COME
NZO LA RESTAVRACION DE ESPA
ÑA BENZIDOS LOS MOROS FALLECIO
ÑO 737 Y LE ACOPAÑA SS MVGER Y ERMANA. AQVI YAZE EL CATO
CO Y SANTO REI DON
ALONSO EL PRIMERO
I SV MUGER DONA ERME
NISENDA ERMANA DON
FAVILA A QVIEN SVZEDIO
GANO ESTE REI MVCHAS VI
TORIAS A LOS MOROS FALLECi
EN CANGAS ANO DE 757
De la madera a la piedra... En la mañana del 17 de
Octubre de 1777 ardió el primitivo edificio de madera.
Aunque se atribuye el incendio a un rayo, la hipótesis
parece poco probable y, hay quien manifiesta que la
causa más verosimil del incendio ha podido ser que por
un descuido (por supuesto ocultado en las Actas
Capitulares) en el cuidado de las lámparas que
alumbraban permanentemente el Santuario.
Tanto la imagen de la Virgen como los tesoros del tempo
fueron destruidos por las llamas y dicen las crónicas
que se sacaron del Pozón «hasta seis arrobas de plata y
oro» de las alhajas fundidas.
¡Quizá sea este el origen de la tradición por la que los
peregrinos han de arrojar al Pozón monedas -o incluso
joyas- para invocar el favor de la Virgen de Covadonga!
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