los cubos de la memoria (ibarrola), representan la puerta de
entrada a unos conocimientos que un dia fueron de nuestros ancestros , en el
futuro los cubos de la memoria seran una de nuestras señas de identidad mas
preciadas.
Las pinturas sobre los grandes y apilados bloques de este
espigón portuario tienen variadas composiciones, con un tratamiento estético
capaz de componer una obra integrada a modo de potente mural o de poderoso
conjunto escultórico policromado de variados escorzos, que se puede contemplar
desde diversos puntos de observación, próximos o lejanos. Es la obra de un
artista interdisciplinar, como se considera a si mismo el propio Ibarrola:
"Ni estrictamente pintor, ni exclusivamente escultor, ni por supuesto
arquitecto del paisaje como algunos afirman".
Las pinturas, tanto figurativas como no figurativas, se
engarzan siguiendo una estructuración que el artista ajusta a la geometría de
los cubos de hormigón y a la discontinuidad de sus aristas, prismas, volúmenes
y superficies, para producir diversos efectos ópticos y conceptuales.
El conjunto multifacético de Los cubos de la memoria
refleja contenidos en tres dimensiones:
La memoria del arte, simbolizada en esos códigos prehistóricos
que emergen puntualmente en una rotunda creación plástica de vanguardia.
La memoria del artista, que transmite desde esta obra una síntesis de su larga
y fecunda trayectoria creativa, en la que continuamente ha experimentado formas
y posibilidades expresivas.
La memoria del territorio, resaltada en los temas figurativos que dedica
Ibarrola a enraizar su obra, representando algunos de los referentes más
significativos de la naturaleza, de la prehistoria y de la historia marinera,
urbana y emigrante del concejo de Llanes.
La intervención de Ibarrola, que el mismo considera el
mayor reto artístico al que se ha enfrentado hasta el momento, se desarrolla en
dos fases. La primera, que finalizó en septiembre del 2001, la realizó en el
frente interior de la escollera del puerto (cara sur). La segunda la llevara a
cabo el próximo verano, en el frente que da al mar abierto (cara norte),
coordinándose esta segunda actuación con las obras previstas para defender ese
frente exterior del puerto de los embates del mar con nuevos bloques de hormigón.
La primera fase de la intervención se aprecia desde el
mismo puerto, casi tocando los colores, se contempla desde el mirador inmediato
del antiguo Tendero de redes, junto al faro, así como desde otros puntos
progresivamente más alejados: Puerto Chico, Punta de Toró, Ballota...,
actualmente unidos por un itinerario peatonal. Este circuito de
"miradores" se complementa con las senda que recorre la Sierra Plana
de Cué, dando vista continua a la villa de Llanes y su entorno. La posterior
intervención sobre los cubos a mar abierto (cara norte) también será
observada desde el puerto y desde la playa del Sablón y la punta del Paseo de
San Pedro, o en barco desde el mar.
En estos observatorios, y siguiendo el recorrido que los
une, Ibarrola considera que el espectador activo, en un ejercicio estimulante y
lúdico, podrá cargarse de energía sensual, visual y estética, al contemplar
la obra y el paisaje marino que la rodea desde distintas posiciones,
construyendo el caminante (o el navegante) un espacio plástico con sus
desplazamientos.
Los diversos tratamientos artísticos y las diversas
simbologías plasmadas por el artista en esa triple dimensión de Los cubos de
la memoria (arte, artista y territorio), podrán reconocerse siguiendo Las rutas
de la memoria, guía cultural ilustrada destinada a divulgar su obra una vez
concluida.
Especial atención se dedicará en estas rutas a la memoria
del territorio, a explicar la influencia en el paisaje llanisco de la historia y
de la cultura, los usos y las costumbres, o las creencias religiosas y mitológicas.
Porque para Ibarrola "el paisaje ha sido construido por el hombre desde que
existe; el paisaje que vemos todos los días tiene la geometría que el hombre
le ha venido dando a lo largo de toda la Historia". Los cubos de la
memoria, además de despertar el interés por el arte y por la trayectoria del
artista, pretende propiciar entre los viajeros el interés por explorar el
territorio que visitan. En este sentido, Ibarrola desea que su obra artística
sea una invitación permanente a descubrir, conocer e interpretar un paisaje
humanizado, plural y potente, como es el paisaje llanisco.
Los cubos de la memoria convierten a Llanes en la bisagra
asturiana de las principales actuaciones realizadas por Ibarrola, durante las
dos últimas décadas, en espacios abiertos de la cornisa cantábrica, al estar
equidistante de su Bosque pintado (1983-1987) del Valle de Oma, Vizcaya, y de su
Piedra y árboles (1999) realizada en Allariz, Orense.
A la intervención de Llanes seguirá la que va a
realizar a finales del 2002 en la cuenca minera alemana del Rhur, en el marco
del programa de reconversión cultural de esa comarca europea que dirige el
belga Gérard Mortier. Allí las viejas traviesas ferroviarias, trabajadas artísticamente
por Ibarrola, se situarán en la cima de una escombrera de carbón formando un
gran semicírculo que, recortándose sobre el horizonte, servirá de fondo totémico
para un teatro al aire libre excavado en esa colina de origen minero.