Oviedo ha sido
denominada en los últimos años la capital de
la escultura pública, no en vano en esta
ciudad nacieron la mayor parte de los
escultores más notables que ha dado el
Principado en toda su historia, desde José
Bernardo de Meana hasta Paco Cao, pasando por
artistas ilustres de la talla de Joaquín
Vaquero Palacios, Consuelo Vallina, Manolo
Arenas, José Paredes y Rafael Urrusti. Las
calles de la capital del Principado se han
convertido en un museo abierto al público las
veinticuatro horas del día donde se muestran
muchas de las obras de estos y otros artistas,
que aunque no hayan nacido en nuestra
comunidad han aportado su granito de arena a
esta sensacional obra que es la escultura
pública. Haga click sobre las fotos
Son cientos las esculturas
que se encuentran diseminadas por todos los
rincones de la ciudad, desde el Parque San
Francisco hasta las más pequeñas plazas y
donde, además, se combinan obras del siglo
XVIII como la Silla del Rey hasta las de más
reciente creación como Caballo, emplazada en
el Centro Ecuestre El Asturcón.
La relación de esculturas públicas ovetenses
es tan amplia que resulta muy difícil de
condensar en unas pocas líneas. Por lo que
nos centraremos en las que quizá sean más
conocidas o notorias en la ciudad.
La Silla del Rey , situada en la confluencia
de la calle con el mismo nombre y la avenida
de Galicia —anteriormente estaba ubicada en
el Parque San Francisco— es, sin duda
alguna, la obra monumental más antigua que
se conserva en la ciudad, descontando otras
edificaciones con distinto fin. La
construcción representa un banco de piedra
que originalmente se encontraba en el paseo
de Chamberí levantado precisamente para
adornar ese lugar.
El Parque San Francisco se erige como uno de
los grandes centros de escultura pública de
la ciudad. Entre sus paseos y árboles de
diferentes especies se encuentra un gran
número de obras de arte. El busto de Juan
Muñiz es la primera que se instala en el
Campo, costeada por un grupo de alumnos del
maestro; fue creada en 1927, rindiendo
homenaje al que fuera maestro de decenas de
generaciones ovetenses.
En medio de una de las praderas del Parque y
rodeada por una fuente se encuentra la
escultura de Clarín , obra de Manuel Álvarez
Laviada que data de 1894, aunque fue
colocada en su lugar actual en 1931.
Esculturas de San Francisco de Asís, Palacio
Valdés, el dibujante Alfonso Iglesias y el
pintor Paulino Vicente son algunas de las
obras que también se pueden encontrar en el
céntrico parque ovetense.
El entorno de la plaza de la Catedral es
también lugar de acogida para un gran número
de esculturas. El Jardín de los Reyes
Caudillos, el bello rincón aledaño de la
Catedral, inaugurado en 1942, fue concebido
como homenaje a los monarcas que
sucesivamente ocuparon el trono del reino
astur. Se solicitó a varios de los mejores
artistas de la época la ejecución de una
composición escultórica en piedra que
recordara a cada uno de los personajes
históricos, destacando con estatuas a los
grandes monarcas especialmente vinculados
con Oviedo y al resto con bustos. Entre los
primeros se encuentran Alfonso I, Favila,
Pelayo y Alfonso II; Ordoño I, Silo, Ramiro
I y Aurelio son algunos de los monarcas
representados con su busto.
A pocos metros de este lugar, en la plaza de
Alfonso II el Casto, fue colocada hace
cuatro años la escultura de La Regenta, en
honor al personaje de la obra de Clarín,
creada por Mauro Álvarez en 1945 y que
recrea a una dama de finales del siglo XIX
que fácilmente podría ser la propia Ana
Ozores.
Siguiendo en la zona más céntrica de Oviedo,
nos encontramos con una serie de esculturas
de más reciente creación. Monumento a la
Concordia en la plaza Carbayón, La lechera
de Manuel Linares y Vendedor de pescado de
Llongueras, ambas en la plaza Trascorrales;
Vendedoras del Fontán, situada en la plaza
Daoíz y Velarde y creada por Amado González
Hevia, «Favila». En la calle San Francisco,
frente a la entrada a la Universidad de
Oviedo, se encuentra Mujer sentada , que
data de 1930 pero que fue colocada en este
lugar en 1996. Muy cerca de ésta, en la
plaza Juan XIII, se encuentra Amigos, del
escultor Santiago de Santiago. Acercándonos
hacia el centro de Oviedo, en la calle
Pelayo —frente al Teatro Campoamor—, la
escultura de Julio López, Esperanza
caminando, a muy pocos metros de Pensadora,
colocada en la calle Argüelles en 1999, pero
creada por José Luis Fernández en 1968. Una
de las esculturas más emblemáticas de la
ciudad es El regreso de Williams B.
Arremsberg, conocida por todos como «El
Viajero». Situada en la plaza de Porlier, es
uno de los lugares más fotografiados de
Oviedo por propios y foráneos. El conjunto,
que representa a un hombre junto con varias
maletas, es obra del artista Eduardo Úrculo.
El Campillín es otro de los puntos de la
ciudad donde se encuentra un gran número de
esculturas. Situada a la vera del paseo de
Antonio García Oliveros, la primera
escultura que se levanta es la dedicada a
Ramón Pérez de Ayala . Obra de José Antonio
Nava en 1951, muestra la búsqueda del autor
por hallar el máximo rendimiento del
lenguaje de la piedra.
En el año 1983, coincidiendo con el
bicentenario del nacimiento del militar
Simón Bolívar, padre de la independencia de
las nacionalidades de Hispanoamérica, el
Ayuntamiento de Oviedo decide rendir un
homenaje a este personaje histórico. Se
encarga un monumento al escultor José
Antonio Nava, quien concibe un monolito
pétreo en el que esculpe únicamente el
perfil del personaje y la leyenda alusiva al
bicentenario de su nacimiento.
Son muchas las esculturas que restan por
describir, como la Llama Olímpica, el
Sagrado Corazón de Jesús —en lo alto del
Monte Naranco—, Mavi, Maternidad, San Mateo,
Violinista, Torso de Fruela, El diestro,
Concierto gitano, Guisandera, Los libros que
nos unen, etc., obras que se pueden
encontrar tanto en la mayoría de las calles
de la ciudad como en oficinas y sedes de las
principales empresas y entidades financieras
radicadas en Oviedo.
Fuente: Ayuntamiento de Oviedo, San Mateo
2001 (periódico festivo).