la Cruz de los Ángeles, que Alfonso II
mandó hacer en 808 para la catedral de Oviedo, con una
amenazante inscripción: quienquiera que osase quitármela
de donde mi libre voluntad la donare, sea fulminado por
el rayo divino. Es un relicario en forma de cruz griega,
que recuerda prototipos hispanogodos o carolingios, con
un disco en el centro; el alma de madera va chapada en
oro y engastada en pedrería.