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Los núcleos mas poblados de
este concejo son: Martinporra capital del concejo, San
Julián, Rozadas, Suares, Melendros y Taballes.El
relieve es muy accidentado, las montañas prácticamente
rodean el municipio, destacando las montañas
de: la Faya, los Lobos y Peñamayer.
Sus primeras noticias fueron de pobladores
neolíticos, que dejaron sus testimonios en tumbas
tumulares, como son las de Piedrafita, o las de Lancosa.
Anteriormente, no hay vestigios de la ocupación
paleolítica.
Los castros, fueron localizados en
el Pico Castiello, donde se encontraron restos de cerámica
romana. Cerca de las minas de Melendros, fueron encontrados
otros dos castros, los de La Millar y el de Santa Cristina,
relacionados con labores mineras. No se puede descartar
que estos pobladores siguieran bajo la ocupación
romana, pero no hay restos que lo testifiquen.
En
la época medieval, hay escased de fuentes escritas,
aunque tenemos referencia de una donación conservada
en el monasterio de San Vicente en Oviedo de 1.161,
por la que Didaco Petri da a su esposa una heredad de
su propiedad en Ulimenes. Ya al final del medievo, estas
tierras formaban parte de las posesiones de los Noreña,
a cuyo linaje pertenecía don Rodrigo Álvarez
de Asturias, poderoso magnate de esta familia, que en
su testamento transfiere al monasterio de San Vicente
de Oviedo la jurisdicción y el dominio sobre
las tierras de Bimenes, salvo las yuguerías de
Santo Millano y Fontoria que pasarían al monasterio
de Santa María de Vega.
.Bimenes tiene un importante legado
histórico, repartido entre iglesias, capillas,
palacios, y casas. Entre ellas destacaremos:
La iglesia de San Julián, de
cruz latina que estaba rodeada por tres lados por un
pórtico que ha sido eliminado. Fue construida
en el siglo XIX, con las características del
templo típico asturiano. Construcción
desornamentada, donde sólo destaca el contraste
entre el muro revocado y las molduras de las cornisas
en piedra.
La capilla de Santa Bárbara
y su casa rectoral. La capilla es cuadrada, con portal
adintelado y frontón triangular, no tiene ventanas
y sólo dispone de una única saetera. Al
lado izquierdo está adosada la casa rectoral,
construida en mampostería y sillares para puertas
y balcones, estando en la actualidad en muy mal estado
de conservación.
El
palacio de Martimporra, es él edifico más
importante del concejo. Construido por los marqueses
de Villapanes, perteneciendo después a los marqueses
de Estrada. Tiene planta cuadrada y dos pisos. La fachada
principal está marcada por dos torres en los
laterales, cuatro balcones y una puerta principal con
frontón triangular abierto, donde está
el escudo familiar. Hay que destacar el corredor de
madera en un lateral y que es de carácter popular.
La capilla está situada a la entrada de la finca,
tiene planta rectangular y nave única dividida
en dos tramos con bóveda. En un lateral está
adosada la sacristía, tiene dos entradas que
son sencillas. El conjunto está declarado Monumento
Histórico Artístico.
Conjunto casa capilla de los Careaga. La casa es de
planta cuadrada con dos pisos y ático. En la
fachada principal destaca un corredor de madera con
dos cuerpos laterales, las ventanas son pequeñas,
sobre la ventana izquierda está el escudo de
los Nava. La capilla es de un solo hueco y su construcción
es la clásica rural.
La casa torre, construida en los siglos
XIV y XV, es una gran torre maciza a la que luego se
añade una vivienda de gruesos muros. En la parte
trasera tiene un corredor de madera típico rural,
este conjunto es Monumento Histórico Artístico.
La casa Consistorial, sustituye a
otra anterior de menor tamaño, es una mezcla
de estilo funcional y montañés. Construida
en piedra arenisca y madera para los aleros del tejado,
tiene forma de L con una torre alta, con escudo y balcón
todo ello en la fachada principal. En los laterales
dos cuerpos, uno con dos alturas y el otro con una.
Sus principales fiestas son:
En abril y mayo, la Feria de la Primavera en Rozada.
En junio, la romería del Pastor que se celebra
en Fayacaba, y también en este mes son las fiestas
de San Juan en Taballes.
En octubre, Nuestra Señora del Rosario, en San
Julián.
En diciembre, se celebran las de Santa Bárbara
en Piñera.
Ruta por la naturaleza
A
los pies de la Peña, , en su vertiente occidental,
nace el río Pra, que a lo largo de unos 6 kilómetros
desciende buscando la salida natural hacia la pequeña
localidad de Rozaes. Este río, en momentos riachuelo
y en épocas de deshielo más que una corriente
de agua, sostuvo durante generaciones una industria
de carácter familiar y comunal como es la molienda.
Por todo su cauce se diseminaban más de media
docena de molinos de agua, los cuales aprovechaban la
fuerza del encajado río para dar salida y servicio
a un imprescindible artículo como era la harina
de cualquier cereal, bien escanda, centeno, maíz
o trigo.
En la entrada del pueblo de Rozaes, a tres metros escasos
de la carretera que une Bimenes con Laviana por la Faya
de los Lobos, se encuentra una pequeña muestra,
derruida, de un molino harinero, el molino de Xenra,
que entre la vegetación y la basura sólo
podemos vislumbrar la salida inferior del agua y dos
de las paredes mayores.
En Rozaes tomamos la carretera hacia Melendreros, y
en el desvío a Santa Gadía nos acercamos
al comienzo de nuestra ruta. Pasado el puente se encuentra
el molín de Matilde, hoy utilizado como vivienda
y de un blanco inmaculado. El cartel que anuncia la
senda (PR. AS-141) nos da las indicaciones básicas
de la misma, y marca su inicio. Descendemos para cruzar
el río Pra por unos poyos de hormigón
(mejor sería un puentecillo de madera), que durante
las subidas de agua se antojan poco prácticos
e incluso impracticables en ciertos momentos de aumento
del caudal.
El sendero corre por la margen derecha del río
y sin pérdida nos adentramos entre prados y vegetación
de ribera. Esta ruta invita a conocer ese biotopo tan
desconocido como es el bosque de ribera, que sufre de
una tala innecesaria cuando se encauzan los ríos.
Compuesto por alisos, fresnos, sauces y diferentes tipos
de sotobosque, forman una galería natural que
refresca al caminante y da acogida a ciertas especies
únicas. Tras pasar por unos prados, nos acercamos
hasta la orilla, donde se encuentra el primero de los
molinos recuperados, que es el molín del Barrial.
En proceso de restauración, será el principal
punto de interés etnográfico de esta ruta
gracias a que el Ayuntamiento de Bimenes establecerá
en el mismo un lugar de información. A su lado
se han incorporado varias mesas para los visitantes,
útiles para descansar, disfrutar del lugar y
comer. A continuación, posiblemente el molino
más bonito y mejor conservado: el molín
de Flora. En excelente estado, podemos ver todavía
en la parte inferior la rueda sobre la que cae el agua
para mover la maquinaria. A las espaldas del mismo se
conserva el canal de captación de las aguas de
manera espectacular. Diversos desvíos del sendero
marcado nos llevan hasta la misma orilla del río,
donde se encuentra una presa para regular su caudal.
A pocos metros de la misma, el ojo advierte la presencia
derruida y mimetizada por la vegetación del molín
del Ferreru. Sólo queda parte de las paredes
y el canal del mismo, aunque tapizado por el prado.
Cruzamos por un puente el río Pra, muy cerca
se encuentran los restos del molín de Máxima,
aunque por esta vez hayamos sido incapaces de llegar
a los mismos.
El camino hace eses, entre los grandes troncos de castaños,
fresnos y robles, volviendo a bajar al cauce y volviendo
a subir camino de Melendreros, donde se encuentran el
molín de Fermina y más allá el
de Honorio, en buen estado de conservación. Tras
6 kilómetros de permanecer bajo un tapiz vegetal,
salimos a la luz en Melendreros, a los pies de Peñamayor.
El que lo desee puede terminar el día ascendiendo
hasta el Fuellu, al Ortigal o al Trigueiro, entre otras
cumbres.
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