El concejo integra junto al de Somiedo,
la comarca de Pigueña. Belmonte de Miranda está
limitado al norte con Salas, al este con Grado, al sur
con Somiedo y Teverga y al oeste con Tineo. Los principales
núcleos de población por orden de habitantes
son: Belmonte su capital, Selviella, Villaverde, San
Bartolóme, Boinas, Castañedo y San Cristóbal.
La belleza de su ecosistema, ha obligado
a las autoridades a ampliar los límites del Parque
Natural de Somiedo a las tierras limítrofes del
concejo de Belmonte. Su secular aislamiento permitió
que llegara hasta nosotros, con una importante masa
arbórea, en la que dominan las especies forestales
autóctonas: bosques de robles, de espinares,
de castaños, etc. Por encima de los 800 metros
abundan las zarzas, helechos, habitando diversas alimañas
como lobos, zorros, tejones, corzos, jabalís
y algún oso.
Dentro de su fauna piscícola,
el rey es el salmón en los numerosos cotos que
hay en el Narcea. En el río Pigueña y
sus afluentes, sigue habiendo salmones pero la especie
predominante es la trucha. Esta recuperación
ambiental es debida a toda la política de repoblación
de los ríos del concejo.
Son escasas las noticias sobre los
primeros pobladores que habitaron estas tierras, pero
se tiene constancia de la existencia de una necrópolis
en Balbona, aunque no se encontraron restos de ajuares.
El hallazgo más importante es la aparición
de un ídolo en Llamos, aunque sin contexto arqueológico,
y es difícil su datación, únicamente
comparándolos con otros similares que se podrían
datar en la Edad de Bronce.
Su cultura castreña tiene pocos
restos, identificándose en el pico Cervera un
castro que quizás sea una antigua torre romana.
Si hay muchos restos romanos, tal vez debido a toda
la explotación aurífera llevada a cabo
en esta zona. Hay una calzada romana que unía
Asturias con la Meseta, fue anteriormente una vía
natural, ya utilizada por los astures. Esta vía
fue él más importante cruce de cultura,
por ahí pasaron: centurias romanas, huestes árabes,
peregrinación jacobea, etc.
Resulta complicado fechar históricamente
el nombre de Miranda al de Belmonte, apareció
en la Edad Media como un territorio que más o
menos podría estar en esta zona. La historia
de este concejo está unida a la construcción
de un monasterio, La Villa Lapideum, fundado por la
reina Velasquita esposa del rey Bermudo II de León,
que reunió en una sola propiedad varias dispersas.
Bermudo III Permutó esta propiedad con los Condes
Pelayo Froilaz e Idontio Ordoniz, por otra de éstos
que estaba en Galicia. Dichos condes fundaron un monasterio,
pero sus descendientes disgregaron el patrimonio, que
más tarde sus herederos lo aumentarían
y simultáneamente el Rey Alfonso VII lo puso
bajo su protección acrecentando aún más
su patrimonio y consolidándolo como señorío
territorial y jurisdiccional. De este monasterio de
Lapedo, no queda piedra alguna. Determino la historia
del concejo y su predominio sobre el resto de monasterios
de la zona.
En los actuales territorios, estaban
las tierras de Miranda Alta y Miranda Baja y entre ambos
el coto abacial de Santa María de Lapedo, luego
había dos jurisdicciones, la primera con capital
en Selviella y el segundo el de Lapedo, donde había
un pequeño poblado que se llamaba Belmonte. Las
gentes que estaban en las tierras monásticas
vivían bajo una férrea jurisdicción
de los abades, mientras que los de Miranda, tenían
representantes propios en la Junta General del Principado.
En 1.827 el coto pasa a ser por decreto agregado al
concejo de Miranda, al ser la villa de Belmonte más
importante y estar mejor situada, estableciéndose
en ella la cabeza del partido judicial.
La historia de este concejo permanece
unida al monasterio hasta el siglo XIX, monopolizando
los monjes, no sólo tierras sino también
sojuzgando a sus habitantes, dándose el caso
de que sus colonos no podían contraer matrimonio
sin el permiso de los abades. Esta férrea actitud
se acabó, con el decreto de la desamortización
de Mendizábal, que hizo que la revancha de los
campesinos fuera rápida y se apresuraron a no
dejar piedra sobre piedra del convento de Lapedo.
En aquellas circunstancias muy pocas
familias eran libres y las que eran pertenecían
a la nobleza secundaria. El mayor colectivo lo constituían,
los vaqueiros de alzada, a quienes los propietarios
cedían la explotación de pastos y rebaños,
que fueron ascendiendo progresivamente a la condición
de propietarios de rebaños, más que de
tierras, sobre todo por que los pastos adquirieron propiedad
comunal, al subir todos a los mismos pastos de la montaña.
La historia de este concejo siempre
ha sido ganadera, si se destaca como paréntesis,
la construcción por Hidroeléctrica del
Cantábrico del Salto de Miranda, que dio al concejo
una época de bonanza, recordada como "la
época de las obras", ya que fue tal la cantidad
de puestos de trabajo, más de 1.800 que llegaron
de todas partes de Asturias.
Su historia artística está
unida hasta el siglo XIX, al monasterio cisterciense
de Santa María de Lapedo, el cual fue enriquecido
a lo largo de los siglos por monarcas y particulares,
siendo uno de los más poderosos de todo el Principado
de Asturias. Con la Desamortización de Mendizábal,
su estructura fue destrozada rápidamente, quizás
por el odio de la gente del lugar, debido a la opresión
de los monjes sobre la zona. Del monasterio sólo
quedan tres leones, el pintor F. J. Parcerisa, realizo
una litografía del claustro que era espacioso
de orden Toscano, con pórtico bajo, galería
alta y abierto a todos los rayos del sol. El ayuntamiento
de Belmonte de Miranda, utilizó los materiales
procedentes del monasterio para construir obras civiles.
La villa de Belmonte celebra la fiesta
de San Antonio, o el día de la Gira, que es último
domingo de agosto. Otras fiestas del concejo que se
destacan son: la de San Fructuoso que se celebra en
Agüero el mes de julio, la de San Julián
el 7 de enero en la misma localidad, la romería
campestre de La Corredoira el primer domingo de septiembre,
y los Dolores el tercer fin de semana de septiembre
La gastronomía, como en el resto de Asturias
es rica y variada sobre todo en productos cárnicos
y sus derivados. Una de las especialidades más
características es el sollumbu a la manteiga.
También constituye parte de ella los platos condimentados
con carnes producto de la abundante caza; corzos, rebecos,
jabalíes y también los de la pesca: truchas,
salmones y reos. Su repostería casera es muy
variada y bastante similar a la de sus vecinos concejos:
natillas, flanes, tartas, arroz con leche..... A lo
largo del año se celebran diferentes fiestas
gastronómicas como la de los Arbeyos en mayo
o la del Pote de berzas, Carne roxa y Escanda en octubre.