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El franco, viavelez la caridad, porcia paisajes cuidados
en uno de los pueblos marineros de asturias.
El
franco, cuya capital es la caridad, es una villa apacible
y bien comunicada, donde se concentra casi todo el comercio
de esta zona. En La Caridad residen además la
mayoría de los casi cinco mil habitantes de este
rincón de la costa occidental asturiana. Desde
La Caridad podemos iniciar diferentes rutas para conocer
otros lugares del concejo. Dando un paseo a pie, a sólo
3 kilómetros, encontramos Viavélez, un
encantador puerto de mar que deja prendados a quienes
lo visitan por primera vez.
Es una villa cuidadísima, salpicada de rincones
entrañables, calles estrechas y pronunciadas
pendientes que conserva perfectamente la estética
de los pueblos marineros de Asturias. El paisaje que
la rodea está enmarcado por el riachuelo de Vío
y por impresionantes acantilados, en los que el mar
y el paso del tiempo han tallado la roca hasta darle
curiosas formas que aumentan la belleza natural del
paisaje. Un paseo por el puerto es un regalo en todas
las ocasiones. Si el mar está manso, la serenidad
del entorno es un bálsamo para el espíritu.
Y si está bravo, embruja al que contempla el
agua estallando con violencia contra el rompeolas. En
ese caso será mejor situarse en un lugar un poco
alejado, donde la fiereza del mar no represente peligro.
Las casas, encaramadas sobre suaves colinas, de tan
asomadas al mar parecen quedar suspendidas sobre el
agua. Son construcciones de pizarra y fachada blanca,
típicas del entorno marinero asturiano.
El
Franco es un concejo recogido, en el que las distancias
nunca son demasiado grandes. A cuatro kilómetros
de La Caridad, por la carretera a Rozadas, llegamos
a Miudes. Y poco más allá a Miudeira,
donde a mediados del mes de julio proponen una excelente
excusa para visitar El Franco. Se trata por supuesto
de las Fiestas del Carmen. El programa de actividades
es amplio y suficientemente atractivo como para atraer
cada año a un enorme número de visitantes,
que convierten una zona habitualmente tranquila en un
hervidero de gente dispuesta a disfrutar de la fiesta
y del verano.
Porcía es otro lugar a tener en cuenta en nuestra
ruta. El recorrido que se nos propone resulta especialmente
atractivo. Se trata de un antiguo camino rural recuperado
como ruta turística y vecinal que hay que afrontar
a pie y que recorre la línea de costa de oeste
a este, desde la Capilla de Porcía hasta el límite
con el Concejo de Coaña. Durante el recorrido
aparecerán ante nuestros ojos vistas impresionantes
y hermosos paisajes. El Cabo Blanco es un buen ejemplo,
donde también se encuentra un castro Celta, yacimiento
arqueológico de interés cultural. Después
visitaremos Valdepares, Viavélez, La Caridad
y Castello.
Las playas del concejo muestran la belleza salvaje de
la costa cantábrica. La mayor parte de éstas
son de cantos rodados, otras combinan los cantos con
pequeñas zonas de arenal, pero todas ellas permiten
disfrutar del mar sin la masificación propia
de otras playas. Algunas como la de Castello, Pormenande
y Porcía tienen muy buen acceso y disfrutan de
servicios de bar y Cruz Roja, mientras que a otras,
como la de Riboira, es difícil acceder. Por su
abrupto relieve muchas de estas playas son frecuentadas
por los amantes de la pesca submarina; en la de Torbas,
de fácil acceso peatonal, es posible coincidir
con campeonatos de esta modalidad.
De
todas las playas del concejo, sin duda la de más
fama es la playa de Porcía, compartida con el
vecino concejo de Tapia, un bellísimo rincón
donde desemboca el río que lleva el mismo nombre.
Es la única del concejo que es de arena fina
en su totalidad. Lo que hace distinto a este lugar es
algo que sucede todos los años puntualmente:
en el último tramo del río, donde se forma
una ensenada, cientos de salmones hacen escala durante
aproximadamente un mes, para adaptarse al agua salada
antes de llegar definitivamente al mar.
Otra excusa para visitar Porcía nos la proporciona
sin duda la tradicional romería de Los Remedios,
a principios de septiembre. Se trata de una de las fiestas
con más fama del occidente asturiano, y de la
mariña lucense, cuyos orígenes se remontan
al siglo XVII, cuando se construyó la capilla
de Los Remedios. Actualmente, miles de personas se concentran
para disfrutar de la jornada. A partir de las siete
de la mañana comienzan a llegar los visitantes,
para ocupar los mejores lugares en el prado, para no
quedarse fuera del lugar de la fiesta y tener que buscar
acomodo en algunos de los campos vecinos. La devoción
a la Virgen no le roba ni una pizca de protagonismo
al espíritu festivo que se respira en todos los
asistentes, sin diferencias de edades. Todos tienen
el mismo interés: exprimir hasta el último
segundo una jornada inolvidable.
Para hacer más llevadera la visita a este concejo,
conviene dejarse aconsejar por los hosteleros de la
zona y sentarse delante de una mesa bien servida. Probaremos
los callos y las parrilladas de cordero, las empanadas
y el arroz con marisco, los fabois (habas de mayo) y
las fabas con tropiezos... Y todo lo que aporta el mar:
pulpo, calamares, percebes, oricios, zarzuelas de pescados.
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