|
<%contenido%>
El carbón que utilizó el artista que pintó las
figuras de La Covaciella se mantiene frescmás de 14.000
años después. Cuando uno se planta por primera vez
delante del panel de los bisontes tiene la sensación de
estar ante una obra recién hecha, incluso inacabada. Esa
impresión puede no ser del todo errónea pues de las ocho
figuras que componen el fresco, la mayor parte están
simplemente esbozadas o grabadas con la yema del dedo.
LA NUEVA ESPAÑA pudo comprobar el interesante conjunto
de grabados y pinturas que alberga la cavidad durante
una visita guiada por los expertos que realizan el
facsímil de la cueva que se mostrará en Cabrales y en
Teverga.
La Covaciella es un de santuario en el que destacan tres
bisontes extraordinarios hechos aprovechando el relieve,
las grietas y las hendiduras de la pared; los otros,
igualmente admirables, se podría decir que están a
medias. Sin embargo esa limitación no hace menos
excitante el momento único de estar ante una historia
que se remonta muchos miles de años atrás.
En el interior del pequeño túnel que es hoy La
Covaciella surgen cientos de preguntas, más de las que
los expertos pueden responder. Pedro Saura, director con
Matilde Muskiz del equipo que estos días trabaja en la
cueva, comenta sus propias impresiones y también las que
tantas veces le ha escuchado a Javier Fortea, la persona
que desde su descubrimiento se encargó de estudiar los
detalles de las pinturas y la propia morfología. «La
Covaciella tiene el encanto de la frescura», dice, el
misterio de haber estado preservada miles de años de una
civilización que, en otros casos bien cercanos,
determinó su deterioro. Sin decidirse a apostar por un
único artista como autor de los dibujos, es más
partidario de esa opción si analiza el panel como una
composición estructurada a partir de una grieta que lo
divide en dos partes.
Fortea habla de una escena de cortejo en la que se ven
implicados dos bisontes machos y una hembra, las tres
figuras más completas. Junto a ellos se aprecian
esbozados otros tres bisontes, una cabra, que puede ser
un reno, y un ciervo. El artista de La Covaciella
realizó sus pinturas sentado en el suelo o agachado, una
posición cómoda que le permitía tener cerca la lámpara
de tuétano con que se alumbraba y además desplazar su
mano para perfilar sin apenas esfuerzo los contornos de
las figuras sobre la lámina de arcilla que cubre las
paredes.
Fuente:la nueva españa
<%pagina%>
|