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No hay parroquia
asturiana que no celebre el Domingo de Ramos. La bendición
de ramos, palmas y «lloreos», punto oficial de
arranque de la Semana Santa, es una arraigada tradición
que, en el caso de Asturias, se completa con la entrega
por parte de los ahijados a sus padrinos del ramo
bendito, recibiendo a cambio el «bollo», en forma de
pastel, de percepción pecuniaria o ambas El Arzobispo bendice los
ramos en la iglesia de Santa María la Real de Oviedo y
posteriormente comparte un ágape con las autoridades
civiles. En Gijón, la bendición de ramos más
concurrida será la que se realiza en la capilla de Los
Remedios, seguida de procesión al Campo Valdés. El
Domingo de Ramos se celebra en Avilés la primera
de las procesiones de la Semana Santa; se trata de la de
La Borriquilla, antesala de la bendición de las palmas
en la campa de San Nicolás.
Los vecinos de Luanco
recorren con sus ramos el muelle pesquero y reciben la
bendición que se imparte desde el balcón de la Cofradía
de Pescadores. Otro enclave que vive con máximo fervor
el Domingo de Ramos es Villaviciosa, donde el
tamaño de los ramos de «lloréu» (a veces árboles
enteros) hace que no cojan dentro de la iglesia. Pasado
el Domingo de Ramos, el protagonismo de la Semana Santa
asturiana se traspasa a las decenas de cofradías que en
todos los puntos de la región conservan viva la llama
del culto a las imágenes, sea en las iglesias o en
plena calle.
Texto: Francisco L.
Jiménez(publicado en la nueva españa)
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